Sobre la cualidad intrínseca de la proyección de imágenes movimiento, reposan los mundos concretos desde hace ya rato, aquellos a lo que la cámara siempre les fue siempre fiel, la reproducción de la realidad tal cual se la ve, nadie duda de lo que ve la cámara es igual o lo que ve el ojo. Nuestra experiencia de lo cotidiano nos hace llevar al cine a ciertos terrenos de lo más reduccionista: un cine hecho por seres condicionados solo da como resultado un cine condicionado. En contraste con esta concretitud que la mayoría del cine hace alarde, el cine de Claudio Caldini marca una clara dirección, una ruptura al enclave narrativo tradicional, ese que alguna vez es desprendido por la novela, de un relato de acciones de la representación teatral. Uno se encuentra con otra lógica al abordar sus películas, por que estas, se encuentran mas allá de nuestra experiencia de lo cotidiano, nos trasladan a ciertos tiempos en donde uno puede moverse mas rápido, donde la cámara nos muestra mas allá de la velocidad en que se reproduce la normal realidad, en la velocidad que la mente tarda en formar una imagen en el cerebro, y mas aun, en la velocidad en que el espíritu se desprende del cuerpo. Los ojos captan esto como subiendo y bajando los parpados en lapsos, la proyección de estos fragmentos únicos reproducidos por la cámara. Ajustando nuestra percepción sobre lo espiritual, es que uno puede percibir en un mismo momento, tres o mas lugares diferentes, podemos ir más allá de estos limitados cuerpos. Esto exige que el espectador, dé de si mismo una cuidada predisposición, ya que uno tiene que derrumbar sus propios límites en su construcción como espectador pasivo, uno debe derrumbar el muro de los prejuicios con los que es educado cuando uno se dispone a ver una película. Pero al hacerlo, de seguro que entramos así en un dialogo con la luz, como si el gesto lumínico nos atravesara, estados concientes que podrían acercarse a completar el verdadero significado de la palabra libertad. De esta forma, la tecnología produce un efecto liberador (en sanscrito a este tipo de maquinaria se la denomina “yantra”). Un yantra es una llave que abre una brecha perceptual del espacio tiempo y hace que estos se diluyan, se usa para la meditación principalmente,. Todo esto es cierta advertencia tacita que se resuelve al empezar la película, por que uno debe resolverse en prepararse en esta experiencia, así, la efectividad del movimiento ejecutado por las imágenes puede quedar plasmada dentro de la infinita melosidad del asombro.
Entonces tendríamos que ver esta película por estos dos campos energéticos que se muestran, un mapa con dos fuerzas que se contraponen y que al trasponerse entre ellos van configurando una nueva forma. Una forma infinita o inconcebible. Incapaz de ser atrapada por la mente. Esta es la mecánica con la cual la película trabaja, esa oposición entre la oscuridad y la forma. Tama es oscuridad y rupa es forma, no hay forma sin luz. La luz esta asociada directamente a la forma. Ahora vayamos a lo ontológico del titulo.
Lux Taal es una palabra combinada, que podríamos definir como un transito o un posible camino. Una conexión entre la expresión verbal entre dos culturas. En griego Lux se refiere a una fuente iluminada y Taal en sanscrito se refiere a los intervalos temporales. Este transito es otra clave de la película, los disparos de luces son alternativos, marcan un ritmo. Las formas se componen desde lo oscuro hacia la luz. O de la luz a lo oscuro, tal vez como el recorrido que la luz hace en la rotación de un planeta. El ojo va incorporando estos destellos producidos sobre la oscuridad, componiendo formas vividas. Emplear nuestro propio tiempo para entrar y salir de todas estas imágenes, algún tipo de libertad en donde nuestra capacidad entra en juego, asumirla significa desprenderse del ego que carga los momentos cotidianos de ansiedad, el egoísmo que produce concretitud, que de a poco es expulsado al acoplar el ritmo propuesto por el autor. Una vez montadas estas imágenes/transporte dentro lo secuencial en la proyección, no hay forma de decir si el tiempo es crono o lógico, los algoritmos nos provocan sensaciones en donde una cierta musicalidad de imágenes nos contiene. Según la concepción vedica del tiempo, se dice que este tiene forma de espiral, y si vemos el proceder de la maquinaria con la que Caldini reproduce esta realidad, el dibujo o mándala que traza su película entrando y saliendo por diferentes proyectores, nos hace pensar en la posibilidad de que esto fuera así.
Sin exagerar podríamos estar en presencia de una percepción de cierta meditación. El kala chakra o el tiempo eterno es un órgano universal completo que puede ser percibido, si dirigimos cuidadosamente nuestra atención en estos destellos luminosos. Tal como los preceptos de la música hindú: la percepción del tiempo lineal o tiempo material es una consecuencia del egoísmo, el propósito del arte es de liberarse de este, para absorberse totalmente dentro de la elíptica trazada por universo, y en este caso el de Lux Taal.
La pictórica composición de cuadros, nos pone siempre a mostrar el borde de la universalidad de lugares, en donde solo puede reconocerse espacios de la naturaleza, del verde, del bosque, de lo mágico, lo ancestral, lugares que ocultan misterios, enigmas. ¿Y como genera estos enigmas?: su recortes nos magnifica el fuera de campo, y mas aun, cuando de a poco estos momentos se superponen entre si. La sobreimpresión de las imágenes nos da una mezcla única hecha sobre el mismo soporte, sobre el mismo lienzo en donde extiende sus colores de gamas profundas, nos reflejan una posible segunda naturaleza, como si algo estuviera detrás silenciosamente hablándonos, expresando sus formas, sus movimientos internos, la expresión de lo que parece quieto. La combinación de colores sobre un mismo campo nos revela combinaciones al natural, sus mezclas conforman nuevas cromancias sustractivas. Si estas imágenes son posibles en el campo de la física, por que no habría de serlo en los campos más sutiles de la percepción, en el campo de la mente o del espíritu. Es ciertamente el bosque (vana), el escenario de los diálogos, un lugar misterioso que nadie conoce en profundidad. Como espectador, allí quedan nuestros ojos, en los ecos de esos momentos fugaces, irrecuperables transformaciones del tiempo. Estas imágenes que en su forma de ser proyectadas, nos señala el mismo misterio de origen, por que en el origen esta la causa. ¿Podríamos llamar a esto poesía? Seria más agradable verlo desde allí: como los encantos lumínicos fluctúan en un recuadro sobre la oscuridad.
Punto de vista existente y resistente. En una época, no muy lejana, los tempranos teóricos hablaban de que el videoarte se había comido al cine experimental. A juzgar por hoy, podemos ver que estos argumentos eran solo el reflejo de una industria de la imagen en crecimiento, la del video, solo una polaridad de la tecnocracia mercantilista. El video arte ha canalizado sus lívidos en el diseño grafico mientras que ahora las cámaras de ultima generación de video emulan todas y cada una de las funciones de la cámara de cine (hasta muchas tienen obturador variable). En ese sentido vemos como hay un cierto encadenamiento a la forma instituida por los fabricantes de maquinas para hacer imágenes, y que condicionan a la así llamada evolución de la imagen, pero solo por la tiranía que los fabricantes de cámaras les imponen al modo de uso de las cámaras. Los muy pocos que han sabido traspasar estos “manuales de uso” de la industria de la imagen “descartable”, son los que con sus bases sólidas en afirmaciones le dan una nueva vuelta evolutiva al cine, a ver: el principio es la fotografía, el film, y luego la sucesión de una imagen detrás de otra. Esto repercute en la forma de utilizar las herramientas al momento de emplearlas para generar imágenes, en como uno reflexiona sobre las tecnologías. Caldini ha sacado provecho de esto pues es conocedor y conocedor de este campo. El cine no puede ser algo estático, el cine es movimiento desde sus orígenes. Y me atrevo a agregar: un movimiento en espiral. La reducción de este movimiento, solo puede ponernos a merced de pensar el cine desde un lugar bastante transitado y hasta embotado. Que dicho sea de paso: ir a ver cine a los shopings hoy, es como comer comida masticada.
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